- Un estudio liderado por el CSIC revela que el hígado necesita señales del sistema nervioso simpático para producir hormonas de crecimiento.
- La proteína Cdh1 es clave en este proceso, y su ausencia provoca un desarrollo físico deficiente a pesar de tener niveles normales de hormona del crecimiento.
- El uso de IGF-1 exógeno en etapas tempranas ha demostrado ser eficaz para revertir gran parte de los problemas de estatura en modelos animales.
- Este hallazgo vincula directamente los trastornos del neurodesarrollo con el crecimiento corporal, abriendo nuevas vías para tratar el autismo o la microcefalia.

Un equipo de investigadores españoles, con una destacada participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha desvelado un mecanismo biológico hasta ahora desconocido que explica el retraso en el crecimiento postnatal. Según este estudio, el origen de ciertos problemas de desarrollo físico no reside únicamente en las glándulas endocrinas, sino en una comunicación fallida entre el sistema nervioso central y el hígado durante los primeros días de vida.
Esta investigación, que ha contado con la colaboración del Instituto de Biología Funcional y Genómica (IBFG) y el Instituto de Investigación Biomédica de Salamanca (IBSAL), rompe con la visión tradicional que centraba el foco exclusivamente en la hormona del crecimiento (GH). Los científicos han demostrado que, para que el cuerpo se desarrolle adecuadamente, no basta con que las hormonas circulen por la sangre; es imprescindible que el hígado esté bien conectado al sistema nervioso periférico para responder a estas señales.
El papel determinante de la proteína Cdh1 en el desarrollo

El punto de partida de este hallazgo fue el análisis de la proteína Cdh1, una molécula que los investigadores llevan analizando más de quince años. En modelos animales, se observó que la carencia de esta proteína provocaba alteraciones graves como la microcefalia. Sin embargo, la sorpresa llegó cuando el Hospital Universitario Quirónsalud de Madrid identificó a un paciente joven con una mutación específica en el gen Cdh1 que presentaba un cuadro clínico muy similar al de los ratones de laboratorio, incluyendo epilepsia y un marcado déficit de estatura.
Al profundizar en el caso, se detectó que el niño y otros pacientes identificados posteriormente en diversos centros de Europa mantenían niveles normales de la hormona del crecimiento. Lo que realmente fallaba era la producción de la molécula IGF-1, un factor esencial que el hígado sintetiza solo cuando recibe la orden adecuada. Esta situación evidenció que el sistema nervioso simpático actúa como un intermediario vital que, de no funcionar, bloquea el desarrollo corporal por completo.
La coordinación entre diferentes centros especializados en neurociencia y anatomía patológica de España, Alemania y Francia ha permitido confirmar que esta desconexión entre el cerebro y los órganos periféricos es la verdadera responsable del problema. Cuando la señal nerviosa no llega al tejido hepático, este es incapaz de procesar las órdenes hormonales, lo que se traduce en un estancamiento del crecimiento físico que antes resultaba inexplicable para los médicos.
Un mecanismo que independiza el crecimiento de la hormona clásica

Mediante el uso de ratones modificados genéticamente, el equipo de Ángeles Almeida en Salamanca pudo observar cómo la falta de una inervación hepática correcta impedía la activación de rutas moleculares críticas. En estos animales, el eje hormonal compuesto por el hipotálamo y la hipófisis trabajaba a pleno rendimiento, pero el hígado se mostraba totalmente insensible a la hormona del crecimiento debido a la acumulación de lípidos y la falta de estímulo nervioso.
Este fenómeno sugiere que el desarrollo no es un proceso aislado de cada órgano, sino una sinfonía perfectamente coordinada por los nervios que recorren nuestro cuerpo. Se ha comprobado que el sistema nervioso simpático debe madurar correctamente en el periodo postnatal para que órganos como el hígado, pero también posiblemente el pulmón o el corazón, puedan cumplir sus funciones de crecimiento. Si este cableado falla en las primeras etapas, las consecuencias se arrastran durante toda la infancia.
La relevancia de este estudio, publicado en la prestigiosa revista Communications Biology, radica en que ofrece una explicación a casos de baja estatura que no respondían a los tratamientos convencionales. Al entender que el fallo está en la transmisión de la señal nerviosa, la comunidad científica puede empezar a buscar alternativas que no se limiten a suplementar hormonas que el cuerpo ya posee pero que no sabe utilizar de forma eficiente.
Esperanza en el tratamiento con IGF-1 exógeno

Uno de los puntos más alentadores de la investigación ha sido la posibilidad de revertir la situación mediante la intervención temprana. Los expertos administraron IGF-1 de forma externa a los modelos animales durante sus primeros días de vida y los resultados fueron sorprendentes. A pesar de que la conexión nerviosa entre el cerebro y el hígado seguía siendo defectuosa, el aporte directo de esta molécula compensó la carencia y permitió que los ratones recuperaran un tamaño normal.
Este avance abre una puerta inmensa para futuras aplicaciones clínicas en humanos. Si se detecta a tiempo que un niño presenta esta mutación o una desconexión similar, el uso de tratamientos con IGF-1 exógeno podría prevenir la mayoría de las complicaciones físicas asociadas a sus trastornos neurológicos. Es una forma de saltarse el intermediario estropeado —el nervio— para entregar directamente al organismo lo que necesita para prosperar.
De cara al futuro, el CSIC y las universidades implicadas ya planean extender esta línea de trabajo para averiguar si mecanismos idénticos están detrás de otros trastornos. Resulta muy probable que fallos en la inervación de órganos vitales estén relacionados con algunos tipos de autismo y otras condiciones del neurodesarrollo cuyo origen sigue siendo un misterio para la medicina actual, lo que otorga a este estudio un valor que va mucho más allá del crecimiento óseo.
Este descubrimiento transforma nuestra comprensión sobre el desarrollo infantil al demostrar que la maduración del sistema nervioso periférico es tan crucial como la del propio cerebro. Al confirmarse que el hígado requiere un estímulo eléctrico constante para cumplir su función endocrina, se establece un nuevo paradigma en la pediatría moderna que permitirá diagnosticar y tratar con mayor precisión a pacientes que, hasta la fecha, se encontraban en un limbo terapéutico debido a la normalidad aparente de sus niveles hormonales.