El término democracia tiene su origen en la antigua Grecia y en su forma de organización sociopolítica. Por lo tanto, una clase restringida de ciudadanos fue apoyada por los principios de isonomía (igualdad ante las leyes) e isegoria (igualdad de participación política).

Así, la democracia racial es una abstracción basada en el ideal griego. Asume dos modos de interpretación: un objetivo a alcanzar o un mito que enmascara las contradicciones e injusticias presentes en la sociedad.

En Brasil, el término se usa como una oposición a la idea de discriminación racial que instituye a negros y blancos al desempeño de diferentes roles dentro de la estructura social.

El mito de la democracia racial en Brasil

El término “mito” se refiere a una fábula o fantasía. Entonces, el mito de la democracia racial en Brasil se basa en una falsa idea de mestizaje e integración racial tomada como un signo inequívoco de armonía e igualdad entre diferentes etnias.

Por lo tanto, Brasil contrastaría con otros lugares como Estados Unidos y Sudáfrica, que durante mucho tiempo tuvieron políticas de segregación racial.

En Brasil, desde la abolición de la esclavitud en 1888, se asumió que todos, independientemente de su raza u origen, deben ser tratados de forma isonómica, en completa igualdad ante las leyes.

De esta manera, se desarrolló la idea de que las desigualdades existentes se basan en condiciones estrictamente sociales, más que raciales.

Según los autores que prestan atención a la democracia racial como un mito en Brasil, la isonomía no es el único factor que garantiza la democracia racial.

Se necesitan políticas de reparación histórica que busquen acercar los problemas raciales al objetivo de la justicia social y la verdadera democracia racial.

Sobre el tema de la socialdemocracia en Brasil, Adilson Moreira, especialista en derecho antidiscriminatorio, llama la atención sobre el hecho de que el mestizaje del pueblo brasileño no está presente en las capas del poder estatal.

Para el autor, las decisiones políticas permanecen bajo el control de una élite económica y racial (blanca). Por lo tanto, las leyes deben tener en cuenta las desigualdades raciales en la estructura social para que puedan garantizar efectivamente la equidad y la democracia.

Gilberto Freyre y la formación del pueblo brasileño

La formación sociohistórica de las sociedades occidentales se basa en una visión eurocéntrica. El desarrollo técnico europeo permitió su expansión marítima y la conquista de territorios en África y América.

Los procesos de colonización formaron el continente americano visto desde el punto de vista europeo, asumiendo un carácter de progreso y de beneficio para la humanidad en su totalidad.

Sin embargo, existe la posibilidad de que las colonias se formaron a partir de la subyugación de los pueblos originarios de las Américas (indígenas) y africanos negros.

Después de la abolición de la esclavitud en 1888, comenzó un período de marginación de una gran parte de la población negra. A esta segregación le siguieron varios proyectos de eugenesia, destinados a blanquear a la población brasileña.

En este contexto ese sociólogo Gilberto Freyre llamó la atención sobre el carácter mestizo de la formación de Brasil. Se opuso a las doctrinas eugenésicas y alabó la singularidad de la formación del pueblo y su identidad nacional.

El autor afirmó que esta nueva forma de organización inauguró una perspectiva de construcción social en la modernidad.

En tu libro Casa Grande y Senzala (1933), busca retratar las particularidades que fundaron la formación del pueblo brasileño.

Sin embargo, existen divergencias en la interpretación del trabajo de Gilberto Freyre con respecto a la idea de la democracia racial.

Por un lado, los estudiosos señalan la idea de una democracia racial como una interacción entre las razas que ha llevado a una multirracialidad y multiculturalidad distinta de otros lugares.

Por otro lado, hay una crítica de que el autor idealizaría la estructura violenta del período colonial brasileño y mitigaría lo que era la esclavitud.

Esta idea será una característica esencial de la idea de que no hay discriminación racial en el país. Y, que todas las razas tienen garantizado su espacio, derechos y condiciones de existencia.

Sin embargo, para sociólogos como Florestan Gilberto Freyre no puede ser considerado responsable de difundir el mito de la democracia racial en el país. El trabajo de Freyre apunta a una propuesta precientífica para analizar la formación social y cultural brasileña.

Racismo estructural y desigualdades sociales

Debido al pasado histórico y la formación de Brasil, los problemas raciales y sociales están directamente relacionados, lo que dificulta la percepción de sus límites.

El punto de partida desigual entre blancos, indios y negros en la construcción de la sociedad brasileña, crea una identidad común entre los dos temas (racial y social).

Asociado con la idea de la posibilidad de transición social, que, según la ley, no discrimina a negros o blancos, se crea un modelo para la difusión de las desigualdades que va más allá de la cuestión racial.

Por lo tanto, la gran parte de la población blanca que vive en condiciones de vulnerabilidad sublima el llamado racismo estructural, que margina a la población negra.

Por lo tanto, es necesario comprender que Brasil, dentro de todas sus particularidades socioculturales, necesita combinar los problemas de clase y raza para lograr un ideal de justicia social.