- Cansancio generalizado con las aplicaciones de citas y aumento de la llamada dating fatigue entre los solteros valencianos.
- Usuarios de más de 40 años buscan conexiones profundas y estables y empiezan a abandonar el entorno digital.
- Crecen las alternativas presenciales como speed dating, citas a ciegas y fiestas para singles en València.
- El tardeo y los planes sociales se consolidan como nuevos puntos de encuentro para conocer gente cara a cara.

En el mundo de las relaciones, hay clásicos que nunca pasan de moda. Igual que esa prenda de fondo de armario que siempre nos saca de un apuro, el ligoteo de toda la vida, cara a cara y sin pantallas de por medio, vuelve a ganar terreno entre los solteros valencianos cansados del scroll infinito.
Tras años de auge de las apps de citas, una parte creciente de la población ha empezado a sentir que el modelo digital se le ha quedado corto. El juego de las fotos, los filtros y los mensajes sin respuesta ha derivado en un hartazgo generalizado que está empujando a muchos usuarios en València a recuperar el contacto directo, con sus miradas, sus gestos y sus silencios incluidos.
Del boom de las apps al cansancio emocional
En pocos años, las aplicaciones de citas se convirtieron en un auténtico fenómeno sociológico, cambiando radicalmente la forma de conocer gente. Bastaba con subir cuatro fotos, rellenar dos datos básicos y empezar a deslizar. Todo diseñado para que el descarte o el famoso match se produjera casi al instante.
La posibilidad de ligar desde el sofá, en el metro o mientras se hace cola en el súper encajó con un estilo de vida acelerado y poco dado a los encuentros espontáneos. El algoritmo parecía la solución perfecta: alguien (o algo) filtraba por nosotros, proponía candidatos y reducía la incertidumbre del cara a cara.
Con el tiempo, sin embargo, el brillo inicial se ha ido apagando. Diversos análisis del sector apuntan a un desgaste importante en los últimos años. Informes citados por medios internacionales como The Economist señalan caídas relevantes tanto en suscriptores como en descargas, síntoma de que el entusiasmo se desinfla.
Para muchos usuarios, especialmente quienes llevan años saltando de una plataforma a otra, la experiencia ha acabado asociándose a una sensación de vacío y agotamiento. Ese cansancio acumulado tiene nombre y apellidos: dating fatigue, el desgaste emocional derivado de convertir la búsqueda de pareja en una especie de consumo rápido e incesante.
Buena parte de ese hartazgo tiene que ver con la ya famosa “tríada tóxica” de las citas online: el ghosting, el breadcrumbing y el benching. El primero se refiere a cuando alguien desaparece sin explicación, el segundo a enviar solo migajas emocionales para mantener el interés y el tercero a dejar a una persona “en el banquillo” como plan B mientras se exploran otras opciones.
València se cansa del algoritmo y vuelve al cara a cara

La capital valenciana no es ajena a esta tendencia. Cada vez más solteros y solteras de la ciudad reconocen estar hartos de que el algoritmo decida hacia dónde dirigir su interés afectivo y están dispuestos a dar una segunda oportunidad al método tradicional: verse en persona, charlar y comprobar si hay química sin necesidad de pantallas.
Este cambio de rumbo se aprecia sobre todo entre quienes ya han pasado por varias plataformas, han vivido situaciones de ghosting y han sentido que, detrás de tantos perfiles, hay poca madurez emocional y demasiadas expectativas poco realistas. Tras varias decepciones, muchos optan por salir del circuito digital y probar alternativas presenciales.
Pese a que apps como Tinder o Bumble presumen de algoritmos capaces de detectar lo que no queremos y acortar el camino hacia quien sí podría encajar, en la práctica presentan diversos inconvenientes. La psicóloga clínica Consuelo Tomás, consultada por medios locales, explica que estos sistemas pueden terminar provocando un desgaste notable en los usuarios.
Según la especialista, las plataformas funcionan como auténticos catálogos visuales basados en unos pocos atributos: edad, hijos, nivel de estudios y poco más. Cuando, en ese contexto tan superficial, un mensaje se queda sin respuesta, muchas personas experimentan baja autoestima, irritación y dudas sobre su propio valor.
El proceso de deslizar sin parar también juega su papel. Mientras uno recorre perfiles, el cerebro segrega dopamina y alimenta la sensación de que siempre habrá alguien mejor esperando unos cuantos swipes más allá. La búsqueda de la opción perfecta acaba imponiéndose por encima de la posibilidad de conectar de forma auténtica con alguien real y presente.
Los solteros de más de 40: más exigencia y menos tiempo
El desgaste con las apps se nota especialmente entre las personas que rondan o superan los 40 años. A esa edad, cuenta Consuelo Tomás, los grupos de amigos están más asentados y cerrados, las responsabilidades familiares y laborales pesan más y la disponibilidad para hacer nuevos planes se reduce considerablemente.
Mientras que en la veintena se suele tener una vida social más abierta y espontánea, en la cuarentena aparece una combinación particular de mayor exigencia y cierta reserva. Muchas personas ya han pasado por relaciones largas, rupturas complicadas y cambios vitales importantes, lo que transforma también la manera de exponerse a conocer a alguien nuevo.
En el terreno digital, este grupo de edad tiende a buscar vínculos más profundos y estables. No se trata tanto de acumular matches como de encontrar a alguien con quien compartir proyecto de vida, valores y rutinas. Aun así, también hay quienes, tras un desengaño, se asoman a las apps en busca de validación o de algo más casual.
Con el tiempo, una parte de estas personas acaba migrando del entorno virtual al mundo presencial. Son usuarios que creen en la comunicación directa, prefieren mirarse a los ojos que hablar por chat y están cansados de lidiar con desplantes, desapariciones sin explicación y perfiles que no se corresponden con la realidad.
Cuando las opciones clásicas -pasear al perro, los compañeros de trabajo o los amigos de amigos- no terminan de funcionar, surge la necesidad de buscar fórmulas alternativas para ampliar el círculo social sin volver al ecosistema de las apps. Y ahí es donde entran en juego nuevos formatos de eventos para solteros en València.
Speed dating: conversaciones breves, química inmediata
Entre las propuestas que más tirón están teniendo en la ciudad destacan las speed dating o citas rápidas. Este formato reúne a un grupo de hombres y mujeres que no se conocen entre sí para mantener una serie de conversaciones breves, de pocos minutos, rotando de mesa en mesa hasta haber charlado con todos los asistentes.
En València, uno de los proyectos más consolidados es el de «Las Minicitas», organizadas por Marián Mendoza desde hace unos cinco años. Los encuentros se celebran en distintos locales de la ciudad, entre ellos espacios conocidos del ocio nocturno como Radio City, y han logrado atrapar a un público diverso.
Marián trabaja con varios rangos de edad que van de los 20 a los 60 años y asegura haber detectado una clara desafección hacia las aplicaciones de citas. Según explica, en algunos eventos han llegado a alcanzar entre un 50 % y un 70 % de “éxito”, entendiendo como tal la aparición de intereses mutuos que derivan en futuras quedadas.
Para quienes se apuntan, el simple hecho de acudir ya implica una predisposición: están allí con la intención de conocer a alguien, no solo de pasar el rato. Además, estas dinámicas permiten interactuar con personas que quizá nunca habríamos abordado en una parada de autobús o en la barra de un bar, pero que en el cara a cara nos llaman la atención por su forma de reír, su manera de expresarse o incluso su olor.
Frente al filtro implacable de una sola fotografía, estos encuentros recuperan dimensiones que en las apps se pierden: la voz, la presencia, la espontaneidad. Para muchos asistentes, el atractivo de alguien no se revela en una imagen, sino en esa mezcla de gestos, palabras y energía que solo se percibe en directo.
Citas a ciegas, planes con peques y círculos sociales nuevos
Más allá de las citas rápidas, «Las Minicitas» han ido diversificando su oferta con otros formatos. Uno de ellos son las citas a ciegas, en las que se afina más la selección de candidatos teniendo en cuenta aspectos como los objetivos vitales, los hábitos cotidianos o los gustos compartidos.
Para quienes tienen hijos y les resulta complicado encajar el ocio adulto con la crianza, han surgido también las «Minicitas con peques». Se trata de encuentros pensados para familias monoparentales que se celebran en parques u otros espacios adaptados, de forma que los menores puedan jugar mientras los adultos conversan con cierta tranquilidad.
Otra variante son las «Minicitas sociales», enfocadas no tanto a ligar como a ampliar el círculo de amistades. En estos eventos, el objetivo es encontrar gente con quien hacer planes, compartir aficiones o simplemente tener compañía para salir, algo que muchas personas echan en falta tras una ruptura o un cambio de ciudad.
Según cuenta la propia organizadora, es muy habitual que después de las sesiones de speed dating o de los diferentes formatos se formen grupos de WhatsApp entre los participantes. Desde esos chats se organizan después cenas, escapadas o quedadas informales que, aunque no siempre terminen en romance, contribuyen a tejer redes sociales más sólidas.
Para muchos asistentes, el balance es positivo incluso si no surge pareja estable. La sensación de haber salido de casa, haber conocido gente nueva y haberse divertido contrasta con la percepción de pérdida de tiempo que dejan a veces horas de conversación en un chat que nunca llega a nada concreto.
Fiestas para singles: ligoteo clásico, pero organizado
Otra fórmula que está ganando presencia en València son las fiestas para solteros o eventos para singles. En este caso, los asistentes compran una entrada y pasan la noche entre cócteles, música y dinámicas ligeras pensadas para facilitar la interacción con otras personas que también llegan sin pareja.
En la práctica, se trata de recuperar el ligue de toda la vida en pubs y locales nocturnos, pero con una diferencia clave: todo el mundo sabe a lo que va. No hace falta preguntarse si esa persona está en pareja o si está abierta a conocer a alguien; el contexto ya indica que el objetivo compartido es socializar y, con suerte, que salte la chispa.
Diana, vecina de València que ha participado en algunas de estas fiestas, asegura que lo que más le gusta es la forma “más humana” de llegar al cara a cara. Para ella, resulta mucho más natural y honesto descubrir si hay química en persona que encadenar mensajes por chat sin saber si, al verse, surgirá algo o no.
También destaca la importancia de poder fijarse en detalles que en una app pasan completamente desapercibidos: los gestos, la manera de moverse, la energía corporal. Elementos que contribuyen de manera decisiva a determinar si alguien nos resulta atractivo o interesante más allá de su apariencia en foto.
Diana reconoce que las aplicaciones pueden ser una herramienta útil para personas más tímidas o a quienes les cueste dar el primer paso en un entorno presencial. Aun así, valora especialmente estas fiestas porque, incluso cuando no se liga con nadie, al menos queda la sensación de haber pasado un buen rato y no de haber perdido el tiempo frente a una pantalla.
El tardeo y otros nuevos puntos de encuentro en València
Junto a los eventos específicamente diseñados para solteros, el tardeo se ha consolidado en los últimos años como otro gran escenario para conocer gente en València. Este formato de ocio, que combina aperitivo, comida y copas en horario diurno, ha transformado la vida social de barrios como Russafa.
Un paseo en sábado por la tarde por sus calles basta para comprobarlo: terrazas llenas, grupos de amigos mezclándose y un ambiente relajado que facilita las interacciones espontáneas entre personas que no se conocen de nada pero comparten la misma predisposición a socializar.
El plan suele ser sencillo: quedar con el grupo habitual a la hora del vermut, alargar la comida, tomar alguna copa y dejar que la propia dinámica del lugar favorezca el cruce de miradas, las conversaciones improvisadas y los posibles flechazos. Sin algoritmos de por medio, la prioridad vuelve a ser la experiencia compartida en un espacio físico.
Para muchos solteros que han decidido reducir o abandonar el uso de apps, este tipo de ocio diurno supone un punto intermedio interesante. No es un evento cerrado para singles, pero sí un entorno en el que resulta más fácil hablar con desconocidos sin que parezca forzado o extraño.
En conjunto, las distintas opciones que están surgiendo en València -tardeo, speed dating, fiestas para solteros, citas con peques o quedadas sociales- apuntan a una misma dirección: recuperar el valor del encuentro presencial como vía principal para ligar, hacer amigos y sentir conexión real más allá de la pantalla.
Todo indica que, al menos para una parte de los solteros valencianos, la moda de las aplicaciones de citas está entrando en una fase de saturación. Tras años de swipes, matches y chats eternos, gana peso la idea de que conocer a alguien sigue funcionando mejor cuando se hace a la antigua usanza: cara a cara, con tiempo, con matices y con la posibilidad de que la chispa surja donde siempre lo ha hecho, en la vida real y no en una pantalla.