- Campañas institucionales en España, como la del INCIBE y el Gobierno de Cantabria, alertan sobre el auge de anuncios fraudulentos en internet.
- Los ciberdelincuentes usan anuncios llamativos para robar datos personales, bancarios o vender productos que nunca llegan.
- Google refuerza sus sistemas con inteligencia artificial Gemini para bloquear miles de millones de anuncios engañosos antes de que aparezcan.
- Los usuarios pueden protegerse revisando la URL, las opiniones, desconfiando de chollos irreales y usando bloqueadores de publicidad.

Los anuncios falsos en internet se han convertido en una de las principales vías de estafa digital tanto en España como en el resto de Europa. Desde campañas que prometen productos de lujo a precios ridículos hasta páginas que copian la imagen de tiendas conocidas para robar datos bancarios, el problema ya no es algo puntual, sino una realidad cotidiana cada vez que hacemos una simple búsqueda o compramos online.
Ante esta situación, administraciones públicas y grandes plataformas tecnológicas están moviendo ficha: el Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE) impulsa campañas informativas junto a comunidades autónomas como Cantabria, mientras que empresas como Google han reforzado sus sistemas de control con inteligencia artificial para frenar miles de millones de anuncios engañosos antes de que lleguen a los usuarios.
Una campaña institucional para frenar los anuncios fraudulentos
En España, el Gobierno de Cantabria, a través de la Consejería de Industria, Empleo, Innovación y Comercio, se ha sumado a la campaña impulsada por el INCIBE para poner el foco en los riesgos de los anuncios publicitarios falsos y fraudulentos en internet. La idea es acercar a los ciudadanos una guía sencilla que explique cómo identificar estos contenidos y evitar caer en la trampa.
Esta guía parte de una premisa clara: aunque los anuncios online están pensados para captar nuestra atención en segundos, también pueden esconder intenciones maliciosas. Detrás de una oferta muy atractiva puede haber un intento de robo de datos personales y bancarios, la instalación de malware en el dispositivo o la venta de productos que nunca se van a enviar.
Las autoridades autonómicas recuerdan que este tipo de fraudes tienden a dispararse en temporadas de compras como el Black Friday, la campaña de Navidad o los periodos de rebajas. En esos momentos, los usuarios están más pendientes de los chollos que de la letra pequeña, y los ciberdelincuentes aprovechan para colar anuncios agresivos con descuentos espectaculares, envíos gratuitos y mensajes de urgencia del tipo «últimas unidades» o «solo hoy».
La Dirección General de Comercio y Consumo de Cantabria insiste en que el objetivo no es sembrar el miedo a comprar por internet, sino que el usuario sepa qué señales debe observar para tener una experiencia de compra online segura. Entre esas señales, una de las más evidentes es la presencia de precios tan bajos que resultan poco creíbles, especialmente en productos caros o muy demandados.
Cuando un anuncio ofrece un artículo de alto valor a un coste inusualmente bajo o incluso aparentemente gratuito, la recomendación oficial es desconfiar de entrada. Los chollos existen, pero si la diferencia de precio respecto a otras tiendas es abismal, lo más probable es que detrás haya una estafa o, como mínimo, una práctica poco transparente.
Cómo detectar un anuncio falso antes de hacer clic

Las recomendaciones recogidas en la guía del INCIBE y difundidas por el Gobierno de Cantabria se centran en los pasos que cualquier usuario puede seguir antes de pulsar sobre un anuncio. El primero es fijarse con calma en la dirección web que aparece, especialmente en el dominio y el nombre de la supuesta tienda o empresa.
Si la URL contiene errores ortográficos, nombres extraños o un dominio que no corresponde con el oficial de la marca, es un aviso claro de que algo no encaja. También conviene desconfiar de enlaces acortados cuando no tenemos claro a qué sitio nos van a redirigir, ya que los ciberdelincuentes los usan para camuflar direcciones fraudulentas.
Otro punto que se suele mencionar es el candado del navegador y el protocolo «https». Aunque estos elementos indican que la conexión está cifrada, no garantizan que la web sea legítima. Los delincuentes también pueden usar certificados de seguridad, así que el candado no debe ser la única referencia para fiarse de un anuncio o una página.
En caso de terminar entrando en la web del anuncio, se recomienda analizar con detalle su aspecto general. Una página confiable suele mostrar un diseño cuidado, textos coherentes y bien redactados, así como imágenes de buena calidad. Por el contrario, un sitio lleno de faltas de ortografía, traducciones literales mal hechas o fotografías borrosas y repetidas puede ser síntoma de que estamos ante una página fraudulenta.
Las autoridades admiten, no obstante, que cada vez hay webs falsas muy elaboradas, capaces de imitar casi a la perfección el diseño de comercios conocidos o de grandes cadenas. En esos casos, si hay la más mínima duda sobre la autenticidad del anuncio, la recomendación es no hacer clic directamente. En su lugar, es mejor abrir el navegador, escribir a mano el nombre de la empresa en un buscador y acceder al sitio oficial para comprobar si la oferta realmente existe.
Si ese supuesto descuento o promoción no aparece en la página oficial, es razonable pensar que el anuncio que hemos visto es falso. Este pequeño hábito, aunque parezca algo engorroso, puede marcar la diferencia entre aprovechar una oferta legítima o entregar nuestros datos a un estafador.
El papel de las opiniones: lo que cuentan otros usuarios
Otra de las pautas que recoge la campaña del INCIBE es revisar las opiniones y valoraciones de otros compradores antes de hacer una compra asociada a un anuncio online. No se trata solo de mirar la nota media, sino de ver cuántas personas han opinado y qué dicen exactamente en sus comentarios.
Las reseñas negativas, aunque puedan resultar incómodas para las empresas legítimas, son una fuente muy valiosa para detectar problemas recurrentes: pedidos que no llegan, atención al cliente inexistente, cargos extra no explicados o productos que no se corresponden con la descripción del anuncio.
Además, algunas plataformas recopilan patrones de comportamiento que permiten localizar valoraciones sospechosas, por ejemplo un aumento repentino de reseñas muy positivas en muy poco tiempo, o comentarios que repiten frases casi idénticas. En esos casos, es posible que estemos ante un intento de inflar de forma artificial la reputación de una tienda poco fiable.
Desde el INCIBE se recuerda que los usuarios también pueden apoyarse en bloqueadores de publicidad y otras herramientas disponibles en su web para reducir la exposición a anuncios potencialmente maliciosos. No eliminan el riesgo por completo, pero ayudan a rebajar el número de impactos publicitarios y, por tanto, la posibilidad de caer en un engaño.
Todo este conjunto de pautas forma parte de una estrategia más amplia de concienciación en ciberseguridad, cuyo objetivo es que la ciudadanía incorpore ciertos reflejos básicos cuando navega por internet, sobre todo en épocas de compras intensivas en las que proliferan las ofertas, los descuentos y, por desgracia, también las estafas.
La respuesta de Google: inteligencia artificial contra la publicidad engañosa
Mientras las administraciones públicas trabajan en la prevención y educación de los usuarios, las grandes plataformas de publicidad online han tenido que reforzar sus propios sistemas internos; además, Meta ha lanzado IA antifraude para frenar intentos similares. En el caso de Google, la compañía ha informado de que en el último año ha conseguido bloquear más de ocho mil millones de anuncios que incumplían sus políticas, muchos de ellos vinculados a fraudes económicos, suplantaciones y campañas maliciosas sofisticadas.
Para hacer frente a esta avalancha de intentos de engaño, Google ha desplegado a nivel mundial su sistema de inteligencia artificial Gemini, encargado de analizar de forma masiva los anuncios que se crean en su red. A diferencia de los métodos tradicionales, basados en localizar palabras sospechosas, esta nueva tecnología se centra en interpretar las intenciones reales que hay detrás de una campaña.
Según los datos facilitados por la empresa, entre los anuncios bloqueados se incluyeron cientos de millones relacionados directamente con estafas económicas y promociones fraudulentas. La gran mayoría se frenó antes de que aparecieran en pantalla para los usuarios, lo que reduce de manera notable la probabilidad de que alguien pulse en un anuncio malicioso.
El uso de Gemini no solo se ha notado en la cantidad de anuncios filtrados, sino también en la agilidad de respuesta: Google asegura que ha podido intervenir en cuatro veces más casos que el año anterior y actuar con mayor rapidez frente a campañas que imitaban marcas conocidas, personajes públicos o promociones inexistentes.
Al mismo tiempo, la compañía afirma que el sistema ha conseguido reducir alrededor de un ochenta por ciento las suspensiones erróneas de anunciantes legítimos. Esto es relevante para evitar que negocios reales, que cumplen las normas y dependen de la publicidad online, vean interrumpidas sus campañas por culpa de un fallo automático en los filtros.
Millones de cuentas sancionadas y un escenario cada vez más complejo
El refuerzo de los sistemas de control ha llevado a Google a tomar medidas contundentes no solo contra anuncios concretos, sino también contra cuentas y sitios web enteros. En total, la empresa ha suspendido decenas de millones de cuentas de anunciantes vinculadas a actividades fraudulentas, además de restringir miles de millones de anuncios adicionales que no cumplían sus políticas.
Paralelamente, la compañía ha actuado sobre cientos de millones de páginas web y decenas de miles de sitios de editores que albergaban contenidos problemáticos, entre ellos material sexual no permitido, publicaciones ofensivas, promoción de armas o campañas engañosas diseñadas para captar datos de los usuarios.
Dentro de este panorama, uno de los capítulos más delicados es el de las estafas publicitarias organizadas. La inteligencia artificial no solo filtra anuncios engañosos de forma individual, sino que analiza patrones de comportamiento que apuntan a redes coordinadas de fraude. Eso permite identificar grupos de cuentas conectadas entre sí y limitar su capacidad de operar a gran escala.
Sin embargo, Google reconoce que la inteligencia artificial es un arma de doble filo. Los mismos avances que permiten mejorar la detección de anuncios falsos están siendo aprovechados por actores maliciosos para generar campañas fraudulentas más sofisticadas, capaces de imitar con más precisión la imagen de marcas reconocidas o de redactar mensajes publicitarios que suenan completamente creíbles.
Este tira y afloja constante configura un escenario en el que las plataformas se ven obligadas a reforzar continuamente sus sistemas de verificación y control en tiempo real. El objetivo es que la mayoría de estos anuncios engañosos queden bloqueados antes de llegar a los usuarios, pero la evolución de las técnicas de fraude hace que el reto sea permanente.
Qué pueden hacer los usuarios para protegerse en su día a día
Más allá de las campañas institucionales y las mejoras tecnológicas de las grandes plataformas, la seguridad frente a los anuncios falsos en internet sigue dependiendo en buena medida de los hábitos de cada usuario. Las recomendaciones que comparten organismos como el INCIBE y administraciones autonómicas son relativamente sencillas, pero marcan la diferencia cuando se aplican de forma constante.
Entre esas pautas básicas destacan varias ideas: desconfiar de las ofertas demasiado buenas para ser verdad, revisar siempre la dirección web antes de introducir datos personales o bancarios, comprobar si la promoción aparece también en la página oficial de la marca y dedicar unos minutos a leer las opiniones de otros usuarios, sobre todo las críticas.
También se aconseja activar, cuando sea posible, medidas adicionales como la autenticación en dos pasos en servicios de correo, bancos y plataformas de compra, para reducir el impacto en caso de que alguien consiga hacerse con nuestras credenciales. Y, por supuesto, mantener los dispositivos actualizados y con soluciones de seguridad que puedan detectar programas maliciosos.
El mensaje que lanzan tanto las instituciones públicas como las empresas tecnológicas es que la compra online puede ser segura si se actúa con cierta prudencia. Los anuncios seguirán siendo una parte habitual de la experiencia en internet, pero no todos merecen la misma confianza y, ante la duda, es mejor perder una supuesta ganga que enfrentarse después a un cargo fraudulento o a un robo de identidad.
En un entorno digital donde conviven campañas legítimas y anuncios falsos cada vez más elaborados, la combinación de información, herramientas tecnológicas y sentido común se perfila como la mejor defensa para los consumidores en España y en el resto de Europa, que tendrán que seguir navegando entre ofertas sin bajar la guardia pero con recursos cada vez mejores para no caer en la trampa.