- Etiquetas Blu+ ultraligeras con tecnología Bluetooth permiten seguir en tiempo real a las mariposas monarca.
- La app Project Monarch convierte cualquier móvil en un receptor que envía datos a una base científica global.
- El sistema se apoya en ciencia ciudadana para cubrir grandes áreas de migración y mejorar la conservación.
- Los datos obtenidos ayudan a identificar y restaurar los mejores sitios de invernada para las monarcas.

En lo que antes era una escena puramente natural, la llegada de las mariposas monarca migratorias empieza ahora a conectarse también con el mundo digital. La combinación de pequeños transmisores y teléfonos móviles está abriendo una ventana inédita a uno de los viajes más sorprendentes del reino animal: el desplazamiento estacional de estas mariposas entre sus zonas de cría y sus lugares de invernada.
Un nuevo sistema basado en balizas Bluetooth ultraligeras y en una aplicación móvil permite que cualquier persona, sin formación científica previa, pueda contribuir a registrar el paso de las monarcas. Esta colaboración masiva, que en Estados Unidos ya se está probando a gran escala, apunta a modelos que podrían extenderse en el futuro a Europa y España para mejorar el seguimiento de otras especies migratorias y reforzar la ciencia ciudadana.
Balizas Blu+: la nueva generación de etiquetas para seguir a las monarcas
Durante décadas, el seguimiento de la migración de las monarcas se hacía mediante métodos manuales muy básicos: escribir un código en sus alas, soltarlas y esperar que alguien, en algún punto lejano, volviera a verlas y registrara ese número con ayuda de prismáticos o telescopios. Era un sistema laborioso, con muchos huecos de información y completamente dependiente de la suerte.
La llegada de las etiquetas Blu+ (o Blue+, según algunas referencias) ha supuesto un salto comparable al que vivieron los estudios de aves con el uso de radiotelemetría y redes de antenas. Estas balizas, desarrolladas por Cellular Tracking Technologies junto con el Cape May Point Center for Arts and Humanities en Nueva Jersey, son diminutos dispositivos electrónicos que se adhieren al tórax de la mariposa y emiten una señal de radio a intervalos regulares.
Cada baliza pesa alrededor de dos milésimas de onza (una fracción de gramo) y tiene un tamaño similar al de un grano de arroz. Para una monarca, esa carga se ha calculado como el equivalente aproximado a que una persona cargue una mochila de unos diez kilos. Para fijarla, los investigadores utilizan pegamento para pestañas, un adhesivo más suave y menos tóxico que los superpegamentos industriales, con el fin de minimizar el impacto sobre el insecto.
Las Blu+ funcionan con pequeños paneles solares integrados en la propia etiqueta. Cada pocos segundos, envían información como la hora, el nivel de batería y un identificador único que permite saber qué ejemplar está emitiendo. Esa señal de radio se transmite en la misma banda que emplea la tecnología Bluetooth, lo que facilita que dispositivos muy comunes, como los teléfonos inteligentes, puedan detectarla sin necesidad de hardware especializado.
El diseño de estas etiquetas ha ido evolucionando desde modelos más grandes destinados inicialmente a aves de mayor tamaño, como buitres, y posteriormente a paseriformes o pájaros cantores. La miniaturización de la electrónica ha permitido, por fin, que sean suficientemente livianas para que una mariposa monarca pueda llevarlas sin ver comprometida de forma grave su capacidad de vuelo.
Del bosque al móvil: cómo funciona Project Monarch
La otra pieza clave de este sistema es la aplicación Project Monarch, disponible para teléfonos iPhone y Android. Una vez instalada, convierte el móvil en un receptor portátil capaz de detectar las señales de las etiquetas Blu+ siempre que una mariposa marcada vuele a menos de unos 100 metros de distancia.
El mecanismo es relativamente sencillo para el usuario: basta con tener la app activa (o funcionando en segundo plano) mientras se pasea por un bosque, un parque costero o cualquier zona de paso de las monarcas. Si el teléfono capta la señal de una de estas balizas, registra la detección y la envía automáticamente a una base de datos central gestionada por los investigadores del proyecto.
Esta red de móviles se complementa con receptores fijos, como las torres de la red Motus, ampliamente utilizadas para el seguimiento de aves y otros animales voladores. Estas torres, instaladas en puntos estratégicos, también pueden detectar el paso de las monarcas etiquetadas, lo que permite trazar rutas de migración más detalladas y rellenar huecos de información entre los registros de los ciudadanos.
Hasta mediados de 2025, el despliegue de Blu+ en las poblaciones de monarca oriental que migran a México había generado ya cerca de 360.000 detecciones, combinando datos procedentes de torres y de teléfonos de voluntarios. Para la temporada invernal en la costa oeste de Norteamérica, se esperaba que las balizas estuvieran plenamente operativas a partir de diciembre, ampliando de forma notable el volumen de información disponible.
La gran ventaja de este enfoque es que incluso un excursionista ocasional, que simplemente pasea con el móvil en el bolsillo y la aplicación abierta, puede contribuir a registrar el paso de una mariposa. De este modo, miles de trayectorias parciales se van sumando y acaban componiendo un mapa cada vez más completo del comportamiento migratorio de la especie.
Ciencia ciudadana para entender una migración frágil
El uso de tecnología Bluetooth en el seguimiento de las monarcas está estrechamente ligado a la ciencia ciudadana. Investigadoras como Ashley Fisher, de la Xerces Society for Invertebrate Conservation, subrayan que comprender cuándo y por qué las mariposas abandonan o permanecen en sus zonas de invernada requiere observaciones continuas en áreas muy extensas, algo prácticamente imposible de cubrir solo con equipos profesionales.
En la costa del Pacífico, la población de monarca occidental recurre a bosques costeros de eucaliptos, cipreses y pinos de Monterrey para refugiarse del mal tiempo invernal. Estas arboledas, distribuidas desde el interior de los valles hasta los acantilados sobre el océano, forman una red de puntos clave para la supervivencia de la especie, pero al mismo tiempo son vulnerables a cambios locales de hábitat, urbanización, tala o fenómenos meteorológicos extremos.
Al tratarse de una migración más pequeña y dispersa que la de las monarcas del este que viajan hasta México, los cambios en hábitats concretos pueden tener consecuencias especialmente graves. De ahí que los recuentos tradicionales de voluntarios, que cada temporada se despliegan entre octubre y enero para contar mariposas en estos enclaves, se estén combinando ahora con el uso de la app Project Monarch como herramienta adicional.
Charis van der Heide, bióloga y coordinadora de un conteo regional de monarcas occidentales, suele comparar la recogida de datos con una búsqueda del tesoro. Las etiquetas Blu+ no sustituyen por completo los métodos clásicos de marcado visual y censos, pero añaden una capa extra de precisión sobre qué arboledas se utilizan de forma intensiva, cuáles se abandonan y cómo se mueven los grupos entre diferentes puntos a lo largo de la temporada.
Este tipo de información resulta esencial para decidir en qué lugares conviene priorizar tareas de restauración o manejo del hábitat, por ejemplo, plantando más fuentes de néctar, protegiendo arboledas concretas o limitando el uso de pesticidas en entornos críticos. De forma indirecta, los ciudadanos que salen a contar mariposas acaban participando también en el diseño de estrategias de conservación.
Un declive acusado que impulsa la innovación
Detrás de esta apuesta por aprovechar la tecnología Bluetooth para desentrañar la migración de las monarcas está la preocupación por el fuerte declive de la especie en la costa oeste de Norteamérica. Estimaciones recientes señalan que la población de monarca occidental que llega a invernar a California se ha desplomado en torno a un 95 % en las últimas décadas.
En lugares donde antes se contaban miles de individuos colgando de los árboles, los recuentos de los últimos años apenas han llegado a superar el millar. Las causas son múltiples: pérdida de hábitat por cambios de uso del suelo, disminución de las plantas de las que se alimentan las orugas, presión de pesticidas en paisajes agrícolas y urbanos, y posibles efectos del cambio climático sobre el clima invernal y las rutas migratorias.
En este contexto, proyectos como Blu+ y Project Monarch no son solo experimentos tecnológicos, sino intentos de recoger datos de alta resolución que permitan reaccionar a tiempo. Al disponer de registros más finos sobre dónde se concentran las monarcas, cuánto tiempo permanecen en cada sitio y qué trayectos siguen durante la temporada, se pueden identificar tanto refugios clave como zonas problemáticas.
El objetivo de quienes impulsan estas herramientas no es únicamente desvelar los secretos de un viaje espectacular, sino ofrecer una base robusta para políticas de conservación más ajustadas. A la larga, esta información podría ser útil no solo en la costa del Pacífico, sino también para gestionar otras poblaciones de monarcas y de insectos migratorios en distintas partes del mundo, incluida Europa.
En la práctica, la combinación de presión científica y datos obtenidos por ciudadanos ofrece argumentos adicionales a la hora de proteger arboledas costeras, regular el manejo forestal o justificar programas de restauración de hábitats. La propia participación de la sociedad en la recogida de datos puede facilitar que estas medidas cuenten con un apoyo social más amplio.
Retos técnicos y límites éticos del seguimiento con Bluetooth
El despliegue de esta tecnología no está exento de dudas y desafíos. Cada baliza Blu+ representa a la vez una oportunidad y un posible riesgo para el insecto que la porta. Los equipos de investigación se esfuerzan por equilibrar el peso de la etiqueta, la duración de la batería y la calidad de los datos, pero siguen con atención cualquier signo de que el dispositivo pudiera perjudicar a las mariposas.
La regla que han expresado públicamente algunas investigadoras es clara: si las monarcas marcadas aparecieran en malas condiciones o con un nivel de estrés apreciable, habría motivos para replantear el uso de estas etiquetas o incluso detenerlo. Por eso se presta tanta atención a detalles como el tipo de adhesivo empleado, la colocación de la baliza en el tórax o la proporción peso corporal/carga que debe considerarse aceptable.
Otro punto delicado es el funcionamiento de las baterías solares en condiciones reales. Las monarcas suelen agruparse en racimos apretados en las ramas para conservar el calor, una conducta que puede, paradójicamente, sombrear los pequeños paneles solares y reducir la energía disponible para emitir señales. Si estos periodos de sombra se prolongan, se generan huecos en las series de datos que complican el análisis fino de la migración.
Al mismo tiempo, las mariposas necesitan la luz del sol para calentar sus músculos y ponerse en vuelo. Es decir, los periodos en los que las etiquetas podrían cargar más energía son también aquellos en los que la mariposa está activa, moviéndose y, por tanto, emitiendo datos especialmente valiosos. El diseño del sistema debe tener en cuenta estos ciclos de comportamiento para ajustar adecuadamente la frecuencia de emisión y la gestión de la batería.
En paralelo, el uso de miles de teléfonos como receptores plantea consideraciones relacionadas con la privacidad y el tratamiento de datos, aunque en este caso la señal de interés es la de las balizas y no la de las personas. Los proyectos serios tienden a anonimizar la información de los usuarios y a limitarse a guardar la localización y el momento de la detección, de modo que el foco siga estando en la biología de las mariposas y no en los movimientos de quienes las observan.
Un modelo exportable a Europa y a otras especies
Aunque el foco actual de las etiquetas Blu+ y de Project Monarch está en las poblaciones de Norteamérica, la estrategia de integrar Bluetooth, ciencia ciudadana y redes de receptores tiene potencial para replicarse en otros contextos. En Europa, donde la monarca también está presente de forma más localizada, podría estudiarse su aplicación en zonas costeras o humedales donde la especie se observa con mayor frecuencia.
Más allá de esta mariposa concreta, el modelo parece especialmente prometedor para otros insectos migratorios y polinizadores cuya ecología aún se conoce de forma muy fragmentaria. La posibilidad de seguir movimientos a pequeña escala, día a día, abre la puerta a entender mejor cómo utilizan el paisaje agrícola, qué corredores ecológicos son realmente funcionales o cómo responden a olas de calor, sequías o episodios de contaminación.
En el caso de España y de otros países europeos, donde cada vez se promueven más proyectos de participación ciudadana en biodiversidad, incorporar tecnologías ligeras y baratas puede multiplicar el impacto de los programas de seguimiento. Si herramientas equivalentes a Project Monarch se adaptaran a especies locales, los paseos por parques, campos o costas podrían proporcionar datos de alto valor científico sin requerir equipos complejos.
La experiencia norteamericana sugiere que involucrar a estudiantes, aficionados a la naturaleza y vecinos en tareas de observación sistemática no solo aumenta la cantidad de datos, sino que también refuerza el vínculo de la sociedad con los ecosistemas que la rodean. Para muchas personas, como ocurre con quienes ya colaboran en California, la posibilidad de seguir la pista a una mariposa concreta a través del móvil provoca una sensación de conexión inesperada con un animal diminuto y, sin embargo, protagonista de un viaje épico.
Si bien todavía quedan aspectos técnicos por pulir y preguntas éticas por responder, el uso de tecnología Bluetooth para desentrañar los movimientos de las mariposas monarca se perfila como una herramienta cada vez más relevante. De la mano de las etiquetas Blu+, de aplicaciones móviles abiertas al público y de redes de voluntarios, la migración de estas mariposas empieza a conocerse con un nivel de detalle que hace apenas unas décadas resultaba impensable, y que puede marcar la diferencia a la hora de garantizar su conservación a largo plazo.
