- El tráfico de bots en internet ha superado oficialmente al humano, lo que ha impulsado la creación de nuevas medidas de seguridad.
- Cloudflare, Google, Microsoft, Mozilla y Shopify han desarrollado PACT para verificar usuarios sin comprometer su privacidad.
- El sistema utiliza tokens anónimos de identidad para evitar los rastreos invasivos y las molestas pruebas de verificación visual.
- La iniciativa busca facilitar la navegación de los agentes de IA legítimos mientras se bloquea de forma eficiente el tráfico malicioso.

Parece que hemos cruzado una frontera invisible en la historia de la red sin apenas darnos cuenta. Por primera vez desde que existe internet, el tráfico generado por programas automáticos ha sobrepasado al de los seres humanos, un hito que Matthew Prince, responsable de Cloudflare, esperaba para dentro de unos años pero que la explosión de la inteligencia artificial ha terminado por adelantar.
Ante este panorama donde los algoritmos campan a sus anchas, Cloudflare se ha liado la manta a la cabeza junto a pesos pesados como Google, Microsoft, Mozilla y la plataforma Shopify. El objetivo de esta coalición es poner en marcha el protocolo PACT, una tecnología diseñada para que podamos demostrar que somos personas reales sin sufrir el acoso de los rastreadores ni tener que perder el tiempo resolviendo esos puzzles imposibles que todos conocemos.
¿Qué es el protocolo PACT y cómo cambiará nuestra forma de navegar?

Las siglas PACT se refieren a los Tokens de Control de Acceso Privado, un sistema que pretende jubilar definitivamente a los CAPTCHA. Hasta ahora, para saber si no eres un robot, las webs te obligaban a señalar semáforos o escaleras en fotos borrosas, pero los bots actuales ya son capaces de superar estas pruebas mejor que nosotros gracias a la IA generativa. Esto ha provocado que las páginas se vuelvan más intrusivas, rastreando cada movimiento del ratón para intentar cazarlos.
La propuesta de este nuevo protocolo funciona de una manera bastante ingeniosa: cuando entras en un sitio donde ya confían en ti, tu navegador recibe un token anónimo. Más tarde, al visitar otra web, el navegador presenta ese token como una prueba de identidad válida sin necesidad de revelar quién eres ni qué otros sitios has visitado. Es como llevar un sello de autenticidad en la frente que solo las máquinas pueden leer, manteniendo tu anonimato a salvo en todo momento.
Este sistema se apoya en la enorme cuota de mercado que suman Chrome, Edge y Firefox, que juntos controlan más del 75% de la navegación mundial. Al estar integrado directamente en el navegador, las empresas podrán distinguir el tráfico legítimo con una fricción mínima, evitando que los clientes se cansen y abandonen sus carritos de la compra por culpa de un sistema de seguridad demasiado pesado o mal calibrado.
La inteligencia artificial y el nuevo orden del comercio electrónico

Lo cierto es que no todos los bots son malos, y ahí es donde PACT marca la diferencia. Cada vez usamos más agentes de IA que reservan mesa en un restaurante o compran billetes de avión por nosotros, actuando como intermediarios autónomos. Con este nuevo estándar, los bots autorizados podrán identificarse como herramientas útiles sin ser bloqueados, separándolos claramente de aquellos programas que solo buscan saturar servidores o realizar actividades maliciosas en la red.
Desde Shopify, que gestiona millones de tiendas online, tienen claro que cada obstáculo en el proceso de pago es una venta perdida. Por eso, defienden que la seguridad no debería pagarse con una pérdida de privacidad o una experiencia de usuario desastrosa. La idea es que los comerciantes tengan herramientas potentes para protegerse de los abusos automatizados sin que el comprador de a pie note absolutamente nada extraño mientras navega por los catálogos.
Aunque el desarrollo de esta tecnología todavía está cocinándose y tardaremos un tiempo en verla implementada de forma masiva en todos los rincones de la web, el paso dado por estos gigantes tecnológicos sienta las bases de una internet más equilibrada. Al final, se trata de recuperar un entorno digital donde la convivencia entre humanos y máquinas sea fluida, garantizando que el usuario legítimo no sea tratado como un sospechoso mientras los bots que realmente aportan valor puedan hacer su trabajo sin comprometer la seguridad de nadie.