Claves y desarrollo del examen de Química de la PAU en Andalucía

Última actualización: 05/06/2026
Autor: Isaac
  • La prueba mantuvo una estructura de cinco bloques con una pregunta obligatoria sobre la toxicidad del arsénico.
  • Más de 53.000 estudiantes se presentaron en una jornada marcada por el aumento de matriculaciones respecto a años anteriores.
  • El nivel de dificultad se ha calificado como medio-alto, destacando la exigencia en los cálculos de equilibrio y estequiometría.
  • La opcionalidad en las primeras cuatro preguntas permitió a los alumnos elegir entre enfoques teóricos o ejercicios prácticos.

Estudiantes realizando el examen de Química

La mañana de este jueves ha supuesto el último gran esfuerzo para los cerca de 53.500 estudiantes andaluces que se han presentado a la convocatoria ordinaria de la Selectividad. En una jornada que ha coincidido con el festivo del Corpus en provincias como Granada o Sevilla, las aulas han sido testigos de un incremento del 5% en la participación respecto al curso anterior, lo que demuestra la alta competencia para acceder a los grados universitarios más codiciados.

Dentro del calendario de las pruebas de admisión, la asignatura de Química ha vuelto a ser la gran protagonista para quienes aspiran a carreras del ámbito sanitario y científico. Los alumnos se jugaban mucho, ya que esta materia es fundamental para alcanzar la nota máxima de 14 puntos, y las sensaciones a la salida de los centros de examen han sido de lo más variadas, entre el alivio de haber terminado y la reflexión sobre la complejidad de algunos apartados.

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Estructura de la prueba y primeras opciones

Detalle de fórmulas químicas en examen

El modelo de examen seguido este año no ha traído grandes sorpresas en cuanto a su esqueleto, basándose en cinco bloques de dos puntos cada uno. La libertad de elección ha estado presente en las cuatro primeras cuestiones, donde los aspirantes podían decantarse por la opción A o la B según se sintieran más cómodos con la teoría o la resolución de problemas. Sin embargo, la quinta pregunta ha funcionado como un embudo obligatorio que todos debían afrontar sin excepción.

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En los primeros compases del examen, muchos estudiantes han optado por el bloque de estructura atómica para ir sobre seguro. Se han planteado ejercicios para deducir configuraciones electrónicas e iones estables, además de cuestiones clásicas sobre el radio atómico. Para los que prefieren la parte más visual, la hibridación de orbitales y las fuerzas intermoleculares en sustancias como el metano han servido para medir la capacidad de razonamiento conceptual más allá de los números puros y duros.

Equilibrios químicos y el reto del bloque orgánico

La parte central de la prueba ha puesto a prueba la agilidad mental con la termodinámica y la cinética. Algunos se han tenido que ver las caras con la espontaneidad de las reacciones químicas según la temperatura, mientras que otros han preferido desgranar la velocidad de reacción del fosgeno. No ha sido moco de pavo, ya que cualquier error en los signos de la entalpía podía echar por tierra todo el razonamiento posterior, algo que suele poner de los nervios a los chicos en estos momentos de tensión.

Por otro lado, la química orgánica ha mantenido un perfil algo más amable, permitiendo a los alumnos lucirse con la nomenclatura de amidas o aminoácidos. Se han incluido reacciones de adición siguiendo la famosa regla de Markovnikov y análisis de isomería en el buteno, contenidos que suelen llevarse bien preparados. No obstante, los problemas de equilibrio en recipientes gaseosos y las valoraciones de ácido-base con hidróxido de potasio han exigido una precisión matemática milimétrica para no pifiarla en los decimales finales.

El arsénico como gran obstáculo obligatorio

El cierre del examen ha venido de la mano de un ejercicio contextualizado que ha traído bastante cola. Bajo el epígrafe sobre la potabilidad del agua, los estudiantes han tenido que resolver un complejo escenario relacionado con la contaminación por arsénico y las normas de la OMS. Este bloque obligatorio no solo pedía ajustar una reacción redox por el método del ion-electrón, sino que obligaba a realizar cálculos de estequiometría de gases y productos de solubilidad para verificar si el agua era apta para el consumo.

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Esta última parte ha sido, sin duda, la que ha marcado las diferencias entre el aprobado y la excelencia. Al integrar diferentes áreas de la química en un solo problema ambiental, la exigencia ha subido varios peldaños, obligando a los futuros universitarios a demostrar una visión global de la materia. En definitiva, la Selectividad andaluza cierra sus puertas con una prueba de Química equilibrada pero con picos de dificultad técnica que han obligado a los alumnos a darlo todo en el papel antes de disfrutar de su merecido descanso veraniego.