Un Cisma del este representaba parte de los conflictos generados por la Iglesia Católica de Occidente y Oriente, a mediados del siglo XI, que dieron lugar a la creación de dos líneas de religión, que permanecen hasta nuestros días: Iglesia Católica Apostólica Romana y el Iglesia Católica Ortodoxa. Del latín, la palabra "cisma" (schisma) significa dividir, romper, separar.

Este evento, también llamado "Gran cisma del este", Marcó la diferencia de intereses (políticos, culturales, sociales) entre las partes involucradas, separando definitivamente la religión católica, siendo uno de los eventos más significativos en la historia de las religiones. Los eventos anteriores ya demostraron las variantes culturales que existían entre ellos, pero fue en el cisma oriental donde realmente se produjo esta separación.

Resumen

Desde el siglo IV, el emperador de Roma, Constantino, eligió a la religión católica como oficial del imperio romano. Después del concilio de Nicea (325 dC) y debido a las diferencias en cada uno, la Iglesia Católica se dividió en: Iglesia Católica Apostólica Romana y las Iglesias Católicas Ortodoxas de Constantinopla, Alejandría, Antioquía y Jerusalén. En consecuencia, se llevaron a cabo otros concilios ecuménicos, sin embargo, lo que se determinó fue la creencia en la divinidad de Cristo y la unión de la cristiandad.

Los conflictos de estos dos hilos se remontan al siglo IV, con la división del Imperio Romano en Oriente y Occidente, y la transferencia de la capital de la ciudad de Roma a Constantinopla.

Sin embargo, fue en el año 1054 que ocurrió en la ciudad de Constantinopla, el Cisma de Oriente, que definitivamente separó los dos hilos del catolicismo. Recuerde que la sede de la Iglesia Católica Occidental estaba en Roma, mientras que la Iglesia Católica Oriental estaba en Constantinopla.

En el año 1043, Miguel Cerulário se convirtió en Patriarca de Constantinopla, desarrollando varias campañas contra los dogmas de los apóstoles, lo que resultó en la excomunión de Cerulário en 1054 por el cardenal romano Humberto.

Con la entrada del Papa León IX en la Iglesia Apostólica Romana, que asumió de 1048 a 1054, se hicieron algunas demandas jurisdiccionales que no complacieron a los cristianos ortodoxos. Así, de la misma manera, la Iglesia Ortodoxa excomulgó al Papa León IX.

Los ortodoxos siguieron los ideales del "cesaropapismo bizantino" (subordinación de la Iglesia al estado), lo que disgustó a los católicos occidentales, ya que los ortodoxos occidentales eligieron un patriarca ecuménico, no compartían la creencia en los santos y la Virgen María, y no consideraban que el celibato para los sacerdotes fuera obligatorio.

A su vez, los católicos romanos atribuyeron todo el poder a la figura del Papa, mientras adoraban a los santos, creían en el purgatorio (más allá del cielo y el infierno), y el celibato para los sacerdotes era obligatorio.

Parte de esto explica una diferencia sustancial en la iconoclasticidad de los dos hilos de la religión, ya que las Iglesias católicas occidentales están formadas por varias imágenes de santos, mientras que las Iglesias ortodoxas tampoco se presentan. Además del aspecto de Iconoclastia, los ortodoxos negaron la naturaleza humana de Dios en detrimento de la naturaleza divina, que se conoció como Monofisitismo.

Además de las diferencias dogmáticas, los imperios romanos de Occidente y Oriente pasaron por diferentes procesos históricos, que configuraron diferentes rasgos culturales, sociales, religiosos y políticos en cada uno de ellos. Así, el Imperio Romano de Occidente fue invadido por los bárbaros, y Oriente se mantuvo con fuertes características del mundo clásico, basado en la tradición del cristianismo helenístico.

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