Calendario astronómico de febrero: Luna de Nieve, eclipse y alineaciones planetarias

Última actualización: 03/02/2026
Autor: Isaac
  • Febrero arranca con la Luna de Nieve y un calendario lunar muy marcado, visible desde toda España.
  • El 17 se produce un eclipse solar anular y la mejor ventana de cielo oscuro por la Luna nueva.
  • El mes concentra varias conjunciones de la Luna con planetas y cúmulos estelares muy conocidos.
  • Hacia final de mes destaca una alineación de seis planetas y una interesante actividad cometaria.

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Febrero de 2026 se presenta como un mes muy completo para quienes siguen de cerca el calendario astronómico y lunar. La Luna marca el compás de la observación nocturna, al tiempo que se combinan un eclipse solar anular, conjunciones planetarias, una visita cometaria y una llamativa alineación de varios planetas del sistema solar.

Aunque algunos fenómenos se verán mejor desde el hemisferio sur y zonas polares, el cielo de febrero ofrece desde España y el resto de Europa un buen número de ocasiones para sacar prismáticos, telescopio o simplemente mirar al cielo a simple vista. El mes alterna noches de plenilunio muy luminosas con periodos de oscuridad casi total, ideales para observar galaxias, cúmulos y nebulosas.

Calendario lunar de febrero de 2026: fases clave y nombres tradicionales

El ciclo lunar de febrero está especialmente bien definido y puede seguirse con facilidad desde todo el territorio español. Según la Agenda Astronómica 2026 del Instituto Geográfico Nacional (IGN), estas son las fases principales del mes:

El calendario lunar de febrero de 2026 queda así establecido:

  • Sábado 1 de febrero: Luna llena, en la constelación de Leo, con el máximo a las 23:09 (hora peninsular).
  • Lunes 9 de febrero: Cuarto menguante, en Escorpio, hacia las 13:43.
  • Martes 17 de febrero: Luna nueva, en Acuario, alrededor de las 13:01.
  • Martes 24 de febrero: Cuarto creciente, en Géminis, a las 13:27.

Estos horarios se refieren al tiempo oficial peninsular, Ceuta, Melilla y Baleares. En Canarias el momento exacto de cada fase se retrasa una hora, y la percepción del fenómeno puede variar ligeramente según la posición del observador en la geografía española y europea.

Las fases lunares responden a cómo vemos desde la Tierra la parte iluminada del satélite. Aunque el Sol ilumina siempre la mitad de la Luna, la fracción visible cambia porque el satélite orbita alrededor de nuestro planeta en unos 29,5 días. De ahí resultan cuatro etapas principales: Luna nueva, cuarto creciente, Luna llena y cuarto menguante.

En febrero, la protagonista es la llamada Luna llena de Nieve, también conocida como Luna del Hambre. Ambos nombres proceden de tradiciones de pueblos indígenas norteamericanos, que asociaban el plenilunio de este mes con las fuertes nevadas y las dificultades para conseguir alimento en pleno invierno.

En la cultura popular europea, esta Luna llena mantiene un cierto simbolismo ligado a la resistencia al frío y la espera de la primavera. Aunque visualmente no se diferencia de otros plenilunios, su denominación recuerda la estrecha relación histórica entre las observaciones del cielo y la planificación de la vida cotidiana.

fases lunares febrero

La Luna de Nieve: un plenilunio que abre el mes

El 1 de febrero el satélite terrestre se muestra completamente iluminado, dando lugar a la Luna llena de Nieve o Luna Llena del Hambre. El disco lunar domina el cielo nocturno desde la primera noche del mes y se aprecia con facilidad tanto en entornos urbanos como en zonas rurales.

A simple vista, el plenilunio ya resulta llamativo, pero con prismáticos o un telescopio modesto se distinguen cráteres, mares y cadenas montañosas con bastante nitidez. Para quienes disfrutan con la fotografía nocturna, es un buen momento para encuadrar la Luna junto a paisajes invernales, perfiles urbanos o elementos naturales en primer plano.

La intensidad de la luz lunar durante el plenilunio tiene un efecto secundario: dificulta la visión de estrellas débiles y objetos de cielo profundo. Nebulosas, galaxias y cúmulos tenues pierden contraste, de modo que muchos aficionados reservan estas noches para centrarse casi exclusivamente en la propia Luna o en los planetas más brillantes.

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En esta fecha inicial del mes, la Luna aparece proyectada en la región del cielo ocupada por la constelación de Leo, en las cercanías de estrellas destacadas como Régulo y del cúmulo abierto Messier 44 (el Pesebre), con el que mantiene una cercanía aparente reseñable.

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Desarrollo de las fases lunares: del menguante al creciente

Tras el brillo intenso del comienzo de mes, la Luna avanza hacia el cuarto menguante del 9 de febrero. En esta fase solo vemos iluminada aproximadamente la mitad del disco, con la luz en retroceso día a día. El contraste de sombras a lo largo del terminador —la línea que separa la zona iluminada de la oscura— favorece la observación del relieve, con montañas y cráteres resaltados de forma muy marcada.

La fase de cuarto menguante marca una transición hacia noches progresivamente más oscuras. A medida que la porción iluminada disminuye, el cielo gana profundidad para la observación de constelaciones invernales prominentes en Europa, como Orión, Tauro, Géminis o Canis Major.

La Luna nueva del martes 17 de febrero supone el punto de mínima iluminación visible desde la Tierra. En esta fase el satélite se alinea aproximadamente entre la Tierra y el Sol, y su cara iluminada queda orientada hacia nuestra estrella, por lo que el lado nocturno mira hacia nosotros y la Luna prácticamente desaparece del cielo.

Este periodo de Luna nueva es el más apreciado por los aficionados a la observación de objetos de cielo profundo. Sin la luz lunar, los cielos oscuros alejados de las ciudades permiten ver la Vía Láctea a simple vista y facilitan la detección de galaxias como Andrómeda, cúmulos estelares abiertos y globulares, y nebulosas brillantes como la de Orión.

A partir del 24 de febrero, con el cuarto creciente en Géminis, el satélite vuelve a ganar protagonismo en el cielo nocturno. La mitad iluminada del disco va aumentando cada noche y ofrece de nuevo un escenario idóneo para seguir los detalles del relieve lunar. Para muchos observadores, esta es una de las fases más agradecidas, ya que la combinación de luces y sombras en la superficie produce una imagen muy contrastada y atractiva incluso con prismáticos sencillos.

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Conjunciones y encuentros de la Luna con planetas y cúmulos

Más allá de sus fases, el satélite protagoniza varias conjunciones llamativas a lo largo de febrero, en las que comparte región del cielo con planetas y cúmulos estelares conocidos tanto por astrónomos profesionales como por aficionados.

El propio 1 de febrero, coincidiendo con la Luna llena, el disco lunar se sitúa visualmente cerca del cúmulo abierto Messier 44 (el Pesebre), en la constelación de Cáncer. Aunque el resplandor del plenilunio dificulta ver la agrupación estelar a simple vista, un telescopio o prismáticos pueden ayudar a identificarla en los márgenes del resplandor lunar.

El día 19 se produce una conjunción entre la Luna creciente, Mercurio, Neptuno y Saturno (según las diferentes fuentes, se destacan especialmente Mercurio o Saturno). La fina franja iluminada del satélite actúa como guía para quienes intentan localizar estos planetas poco brillantes cerca del horizonte al anochecer.

En la noche del 23 al 24 de febrero, la Luna se aproxima al cúmulo abierto de las Pléyades. Dependiendo del lugar de observación en Europa, el borde lunar llega a rozar o incluso a ocultar brevemente algunas de las estrellas de este racimo, generando una ocultación parcial que, con un telescopio pequeño, ofrece una escena muy llamativa.

El 27 de febrero la atención se dirige a la conjunción entre la Luna y Júpiter. Con alrededor de un 79-80 % de su superficie iluminada, el satélite pasa cerca del planeta gigante en plena madrugada. A simple vista se aprecia claramente el acercamiento, y con prismáticos potentes o un telescopio se pueden seguir los cambios de posición de Júpiter y sus lunas principales a medida que la Luna avanza sobre el fondo estelar.

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Eclipse solar anular del 17 de febrero: el «anillo de fuego» del mes

El fenómeno más llamativo del calendario astronómico global de febrero de 2026 es el eclipse solar anular del martes 17, que coincide con la fase de Luna nueva. En un eclipse de este tipo, la Luna se interpone entre la Tierra y el Sol, pero se encuentra algo más alejada de nuestro planeta y no llega a cubrir por completo el disco solar.

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Debido a esa mayor distancia, el diámetro aparente de la Luna en el cielo es ligeramente menor que el del Sol, de modo que durante la fase máxima se observa un “anillo de fuego” brillante alrededor de la silueta oscura lunar. A diferencia de lo que ocurre en un eclipse total, en el anular nunca se oscurece por completo el entorno y es imprescindible utilizar protección ocular adecuada durante toda la duración del fenómeno.

En esta ocasión, la franja de anularidad discurre sobre todo por regiones de la Antártida, por lo que solo será visible con toda su espectacularidad desde zonas muy australes y poco accesibles. En el sur de Argentina y Chile, así como en áreas meridionales de África, el eclipse se verá de forma parcial, con el Sol cubierto solo en una fracción de su superficie.

Desde España y el resto de Europa el eclipse no será observable, pero su coincidencia con la fase de Luna nueva aporta igualmente una ventana de cielo especialmente oscuro durante varias noches, muy útil para quienes quieran aprovechar para observar cúmulos, galaxias y nebulosas.

En cualquier lugar del mundo donde el eclipse sí resulte visible, la recomendación es clara: utilizar únicamente filtros solares certificados, gafas especiales para eclipses o telescopios equipados con filtros adecuados. Mirar al Sol sin protección, incluso durante un eclipse parcial o anular, puede causar daños oculares irreversibles.

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Conjunciones planetarias, desfile y gran alineación de final de mes

El cielo de febrero de 2026 no se limita a los fenómenos lunares. A lo largo del mes se suceden acercamientos aparentes entre planetas que aportan interés adicional a las sesiones de observación.

En torno al 15 de febrero se produce una conjunción especialmente sutil entre Saturno y Neptuno. Los dos planetas aparecen relativamente próximos en el firmamento, aunque Neptuno es demasiado débil para verse a simple vista. Para localizarlo con garantías es recomendable usar telescopios de al menos 15-20 centímetros de apertura, que permitan distinguir su tono azulado característico frente a las estrellas de fondo.

Hacia el 19 de febrero, distintos centros de observación señalan la presencia de un “desfile planetario” visible tras la puesta de Sol, especialmente mirando hacia el oeste. En este tramo horario pueden verse simultáneamente, con buena visibilidad del horizonte, Venus, Mercurio y Saturno, acompañados en algunas zonas por la sutil presencia de Neptuno y, según el momento, de la Luna.

El tramo final del mes culmina con una de las configuraciones más mediáticas: la alineación planetaria del 28 de febrero, en la que Mercurio, Venus, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno comparten una misma franja del cielo. No se trata de una alineación perfecta en el espacio, pero sí de una disposición aparente en la bóveda celeste que permite ver varios planetas durante la misma sesión de observación.

En esta alineación, Mercurio, Venus, Júpiter y Saturno son visibles a simple vista desde cielos despejados, mientras que Urano y Neptuno requieren prismáticos o telescopios para ser detectados. La diferencia de brillo y color entre los planetas —el resplandor blanquecino de Júpiter, el tono amarillento de Saturno, el brillo intenso de Venus o la discreta presencia de Mercurio— ayuda a comprender mejor la estructura y la diversidad del sistema solar.

Cometas, meteoros y otros protagonistas del cielo de febrero

Febrero de 2026 también ofrece algunos fenómenos menos evidentes, pero muy apreciados por los observadores más constantes. Entre ellos destaca el paso cercano del cometa C/2024 E1 (Wierzchos), que el día 17 alcanza su mínima distancia a la Tierra.

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Este cometa no llega a ser visible sin ayuda, ya que su brillo se sitúa alrededor de la magnitud 8. Sin embargo, con unos buenos prismáticos astronómicos o un pequeño telescopio es posible localizarlo bajo el horizonte suroeste del hemisferio norte tras la puesta de Sol. Su posición cambia noche a noche, lo que convierte su seguimiento en un ejercicio interesante para quienes disfrutan comparando cartas estelares con la realidad del cielo.

En cuanto a lluvias de meteoros, febrero no es precisamente uno de los meses más intensos. Aun así, alrededor del 8 de febrero se registra una actividad moderada de las Alfa Centáuridas, especialmente visible desde el hemisferio sur. En Europa y España la tasa de meteoros esperable es bastante baja, aunque en cielos muy oscuros y sin Luna no se descarta la posibilidad de ver algún meteoro aislado asociado a esta corriente.

Durante todo el mes, Júpiter se mantiene como uno de los puntos más brillantes del firmamento. Incluso con prismáticos se distinguen sus lunas galileanas, que cambian de posición noche tras noche. Este comportamiento dinámico, fácil de apreciar con instrumentos modestos, lo convierte en un objetivo recurrente para la observación astronómica invernal.

Si se dispone de una cámara con trípode o de un equipo de astrofotografía más avanzado, febrero ofrece un abanico de escenarios: desde paisajes nocturnos con la Luna en diferentes fases hasta secuencias de time-lapse que muestren el movimiento de la bóveda celeste, pasando por capturas de cúmulos abiertos y nebulosas aprovechando las noches de Luna nueva.

Consejos de observación y equipos recomendados

A lo largo de este mes, la elección del equipo y del lugar de observación marca una diferencia importante en lo que se consigue ver. Para la mayoría de fenómenos, unos binoculares de buena calidad son más que suficientes: permiten seguir las fases lunares, identificar cúmulos como las Pléyades y observar los planetas más brillantes con mayor comodidad.

Los telescopios, por su parte, abren la puerta a un nivel superior de detalle. Con instrumentos de apertura media se pueden apreciar estructuras en la superficie lunar, anillos de Saturno, bandas nubosas de Júpiter e incluso, en condiciones favorables, el sutil disco azulado de Neptuno. Eso sí, requieren cierta planificación: elección de la montura, tiempo de aclimatación y algo de práctica en el apuntado.

Para quienes se inician, conviene priorizar lugares con baja contaminación lumínica, lejos de grandes núcleos urbanos. Incluso sin equipo, la simple observación a ojo desnudo en un cielo oscuro revela detalles que pasan desapercibidos en la ciudad, desde la estructura de la Vía Láctea hasta la apariencia real de las constelaciones invernales.

En lo que respecta a seguridad, el único fenómeno que exige precaución extrema es el eclipse solar anular. Aunque en febrero de 2026 no sea visible desde España, es importante recordar que nunca debe mirarse el Sol directamente sin protección específica, ni siquiera durante un eclipse parcial o anular. Las gafas de sol convencionales, filtros caseros o cristales ahumados no son seguros.

Con algo de previsión —consultar horarios, preparar el equipo y vigilar la meteorología—, el calendario astronómico de febrero de 2026 ofrece un abanico muy variado de fenómenos para todo tipo de aficionados, desde quienes dan sus primeros pasos hasta observadores avanzados que buscan retos como cometas débiles o planetas difíciles de localizar.

El cielo de febrero de 2026 combina fases lunares bien marcadas, un eclipse anular, conjunciones, un cometa accesible con equipo modesto y una alineación múltiple de planetas, lo que lo convierte en un mes especialmente completo para seguir la evolución del firmamento. Entre noches de plenilunio muy luminosas y periodos de oscuridad profunda, no faltan oportunidades para disfrutar del cielo tanto desde España y Europa como desde otras regiones del planeta.

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