- El invierno astronómico comienza el 21 de diciembre a las 16:03 (hora peninsular) y durará 88 días y 23 horas hasta el 20 de marzo.
- El solsticio marca el día más corto del año en el hemisferio norte, con 9 horas y 17 minutos de luz en ciudades como Madrid.
- La estación traerá tres lunas llenas, lluvias de meteoros úrsidas y cuadrántidas, y el perihelio el 3 de enero.
- Habra dos eclipses no visibles desde España y excelentes condiciones para observar planetas y constelaciones invernales.

El invierno astronómico arranca en España este domingo 21 de diciembre a las 16:03 horas (hora peninsular), de acuerdo con los cálculos del Observatorio Astronómico Nacional (OAN), dependiente del Instituto Geográfico Nacional. En ese instante, el hemisferio norte entra oficialmente en la estación más fría del año, mientras que en el hemisferio sur comienza el verano.
La nueva estación se prolongará durante 88 días y 23 horas, por lo que el invierno terminará el 20 de marzo, cuando se produzca el paso a la primavera astronómica. Durante este periodo, el cielo ofrecerá un buen puñado de alicientes: tres lunas llenas, varias lluvias de meteoros, dos eclipses (no visibles desde España) y el perihelio, el momento en que la Tierra se sitúa más cerca del Sol.
Solsticio de invierno: el día más corto del año
El comienzo del invierno astronómico coincide con el solsticio de invierno, el momento en que el Sol alcanza su máxima declinación hacia el sur y describe en el cielo el arco más bajo y corto del año. Eso se traduce en que este domingo es el día con menos horas de luz solar en el hemisferio norte.
En una latitud como la de Madrid, el OAN calcula que ese día habrá 9 horas y 17 minutos de luz, frente a las 15 horas y 3 minutos que se registraron en el solsticio de verano. La diferencia entre el día más corto y el más largo se acerca así a las seis horas, una variación muy marcada en latitudes medias y que se reduce según se avanza hacia el ecuador.
El término solsticio procede del latín “solstitium”, que puede traducirse como “sol quieto”. Se llama así porque, durante varios días antes y después del inicio del invierno, la altura máxima del Sol al mediodía apenas cambia, dando la impresión de que su trayectoria se “atasca” en el cielo.
Aunque solemos asociar el invierno con el frío y la lejanía respecto al Sol, en realidad la Tierra está más próxima a nuestra estrella en estos meses. El inicio de la estación boreal coincide con el tramo de la órbita terrestre en el que el planeta recorre el camino más rápido, lo que explica que el invierno sea la estación más corta del año en el hemisferio norte.
Las fechas de comienzo del invierno astronómico pueden oscilar entre el 20 y el 22 de diciembre a lo largo del siglo XXI, según el acoplamiento entre la duración de la órbita terrestre y el calendario civil (con años bisiestos de por medio). En esta ocasión, la cita llega el día 21 en horario oficial español.
Perihelio: el punto más cercano al Sol

Otro hito relevante de la estación se producirá el 3 de enero, fecha en la que la Tierra alcanzará el perihelio, es decir, el momento de máximo acercamiento anual al Sol. Ese día, la distancia entre ambos rondará los 147 millones de kilómetros, aproximadamente cinco millones menos que en el afelio, el punto de mayor alejamiento, que tendrá lugar el 6 de julio.
Que el perihelio coincida con pleno invierno en el hemisferio norte puede resultar contradictorio, pero las estaciones no dependen de la distancia al Sol, sino de la inclinación del eje terrestre. En diciembre, el hemisferio norte queda menos expuesto a la radiación solar directa, algo que reduce la altura del Sol en el cielo y acorta la duración de los días.
Esta configuración orbital explica también que, mientras el norte vive sus jornadas más cortas, en la Antártida se registren algunos días con Sol de medianoche, con el astro visible sobre el horizonte las 24 horas en torno al solsticio austral.
Lunas llenas y lluvias de meteoros del invierno

Las noches invernales, generalmente largas y a menudo secas, ofrecen condiciones muy favorables para observar el firmamento. El calendario del Observatorio Astronómico Nacional señala tres lunas llenas a lo largo de la estación: los días 3 de enero, 1 de febrero y 3 de marzo. Cada una de estas fechas permitirá ver la Luna en su fase máxima durante las horas nocturnas.
Además, el invierno concentrará dos lluvias de meteoros destacadas. En primer lugar, las úrsidas, cuyo máximo de actividad se espera hacia el 22 de diciembre, justo tras el solsticio. Esta lluvia de estrellas, asociada a la constelación de la Osa Menor, suele ser discreta pero puede dejar algunos meteoros brillantes en cielos oscuros.
Pocos días después llegará la lluvia de las cuadrántidas, cuyo pico se prevé alrededor del 3 de enero. Aunque su ventana de máxima actividad es relativamente breve, las cuadrántidas están consideradas una de las lluvias de meteoros más intensas del año, siempre que el cielo se mantenga despejado y sin exceso de luz artificial.
Para quienes quieran disfrutar de estos fenómenos en España, lo ideal es alejarse de las grandes ciudades, buscar horizontes amplios y dejar que los ojos se acostumbren a la oscuridad durante al menos 20 minutos. No hace falta telescopio: basta con paciencia, algo de abrigo y un poco de suerte con las nubes.
Dos eclipses fuera del alcance de España

El periodo invernal incluirá también dos eclipses, uno de Sol y otro de Luna, aunque ninguno podrá observarse desde España. El OAN detalla que, aun así, se trata de citas relevantes dentro del calendario astronómico global.
El primer evento será un eclipse anular de Sol el 17 de febrero. En su fase anular, el disco lunar no cubrirá por completo al solar, lo que generará un característico “anillo de fuego”. La zona de visibilidad se limitará a la Antártida, el océano Antártico y el sur del océano Índico, por lo que en Europa solo se podrá seguir a través de retransmisiones especializadas.
Más adelante tendrá lugar un eclipse total de Luna fechado para el 3 de marzo. En este caso, la totalidad será visible desde amplias zonas de América, el este de Asia y Oceanía, donde el satélite natural de la Tierra adquirirá los característicos tonos rojizos al quedar sumergido en la sombra terrestre.
En territorio español, los aficionados tendrán que conformarse con seguir estos eclipses mediante emisiones en línea o desde observatorios situados en las regiones de visibilidad. Aun así, ambos fenómenos se suman a un invierno particularmente activo desde el punto de vista astronómico.
Planetas visibles y cielo de invierno
Las largas noches de esta estación permitirán contemplar varios planetas a simple vista, en función del momento del invierno y del tramo horario. En el cielo del anochecer, el protagonista será Saturno, visible desde el comienzo de la estación. A él se sumará Júpiter a inicios de enero y, algo más tarde, Venus a partir de mediados de febrero, cada uno con su propio brillo característico.
Conforme avancen las semanas, Saturno se irá acercando visualmente al Sol, de modo que desaparecerá del cielo vespertino a comienzos de marzo. Durante el mes de febrero, Mercurio hará acto de presencia al atardecer, en una de sus habituales ventanas de visibilidad, aunque siempre muy bajo respecto al horizonte.
En el cielo del amanecer, el invierno arrancará con Júpiter y Mercurio visibles. Según el OAN, Mercurio dejará de observarse por la mañana a principios de enero y volverá a aparecer hacia mediados de marzo, mientras que Júpiter dejará de ser visible aproximadamente a mitad de enero, al ir desplazándose progresivamente hacia el resplandor solar.
Al margen de los planetas, el firmamento invernal es especialmente apreciado por los aficionados a la observación. Constelaciones muy reconocibles dominan el cielo al anochecer, ofreciendo un verdadero mapa de estrellas brillantes ideal para quienes se inician en la astronomía.
Entre las figuras más destacadas aparece Orión, con la supergigante roja Betelgeuse; Tauro, que alberga a la rojiza Aldebarán; Can Mayor, con Sirio, la estrella más luminosa del cielo nocturno; y Géminis, donde se sitúa la pareja estelar formada por Cástor y Pólux. La disposición de algunas de estas estrellas, combinada con otras próximas, dibuja en el cielo el conocido “hexágono de invierno”, muy fácil de reconocer en noches despejadas.
Invierno astronómico y invierno meteorológico
Conviene distinguir entre invierno astronómico e invierno meteorológico, dos conceptos que a menudo se confunden. El primero queda definido por eventos astronómicos concretos, como solsticios y equinoccios, y por eso sus fechas de inicio y fin pueden variar ligeramente de un año a otro.
El invierno meteorológico, en cambio, se asocia siempre a los meses completos de diciembre, enero y febrero en el hemisferio norte. Esta definición facilita la comparación de estadísticas climatológicas (temperaturas, precipitaciones, episodios extremos) entre distintos años, ya que se trabaja con periodos fijos.
La Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) viene apuntando en sus proyecciones estacionales que los inviernos recientes tienden a ser más cálidos que el promedio de referencia, aunque esto no excluye episodios puntuales de frío intenso, heladas o nevadas, especialmente en zonas de montaña y en el interior peninsular.
En este contexto, el arranque del invierno astronómico puede coincidir con escenarios de bajadas acusado de temperatura, nevadas en la mitad norte y heladas en amplias áreas del interior, a pesar de una tendencia general a temperaturas algo superiores a las registradas en décadas pasadas.
El inicio del invierno astronómico trae días más cortos, noches más largas y un cielo especialmente interesante para la observación. Entre lunas llenas, lluvias de estrellas, eclipses visibles en otros continentes y el paso de varios planetas por el firmamento, los próximos tres meses ofrecen una buena excusa para mirar hacia arriba, abrigarse bien y aprovechar una de las mejores épocas del año para redescubrir el cielo nocturno.
