Apple demanda a OpenAI por el supuesto robo de secretos comerciales de hardware

Última actualización: 15/07/2026
Autor: Isaac
  • Apple ha presentado una demanda contra OpenAI por el presunto robo de secretos comerciales relacionados con hardware no lanzado.
  • Más de 400 exempleados de Apple trabajan ahora en OpenAI, incluido el director de hardware Tang Tan.
  • La demanda amenaza con retrasar los planes de OpenAI de lanzar su propio dispositivo de consumo con IA.
  • OpenAI adquirió io Products por 6.500 millones de dólares, una startup fundada por el exdiseñador de Apple Jony Ive.

Hardware de OpenAI

La guerra por el control del hardware de inteligencia artificial ha estallado en los tribunales. Apple ha interpuesto una demanda contra OpenAI y su director de hardware, Tang Tan, acusándolos de orquestar una campaña sistemática para robar secretos comerciales relacionados con dispositivos aún no lanzados al mercado. La acción legal, presentada ante un tribunal federal de California, marca un giro radical en la relación entre dos gigantes que hasta hace poco colaboraban estrechamente.

Según la documentación judicial, la tecnológica de Cupertino sostiene que OpenAI ha utilizado información confidencial sobre planos, componentes y especificaciones técnicas de productos de Apple para impulsar su propia división de hardware. La demanda no solo busca una indemnización económica, sino que también solicita medidas cautelares que obligarían a OpenAI a destruir cualquier material obtenido indebidamente y, en caso de que ya se haya incorporado a sus prototipos, a rediseñar por completo sus dispositivos. Un precedente similar contra la startup Rivos demuestra que Apple no se conforma con un cheque.

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Los detalles de la demanda

Hardware de OpenAI

El núcleo de la acusación apunta directamente a Tang Tan, actual director de hardware de OpenAI y exvicepresidente de diseño de productos en Apple durante 24 años. La compañía de la manzana mordida alega que Tan aprovechó los procesos de selección y entrevistas de trabajo en OpenAI para incitar a empleados en activo de Apple a revelar información secreta sobre futuros productos. Incluso se menciona que Tan habría indicado a candidatos que llevaran componentes reales de Apple a las entrevistas para realizar sesiones de «mostrar y explicar».

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La demanda identifica casos concretos, como el de Chang Liu, un antiguo ingeniero de hardware del iPhone que se incorporó a OpenAI en enero. Según Apple, Liu descargó docenas de archivos confidenciales, presentaciones de ingeniería y datos de proyectos patentados mientras ya desarrollaba hardware para la firma de IA. Además, el texto legal acusa a OpenAI de «asesorar activamente» a los empleados que iban a admitir para que ocultaran la identidad de su próximo empleador y evitaran los protocolos de seguridad que habrían revocado su acceso a los servidores confidenciales.

La compañía de Cupertino describe el negocio de hardware de OpenAI como «corrompido hasta la médula» por su dependencia ilegal de secretos comerciales malversados. Por su parte, un portavoz de OpenAI ha negado categóricamente las acusaciones, asegurando que la empresa no tiene «ningún interés en los secretos comerciales de otras compañías» y que su enfoque sigue centrado en el desarrollo de tecnología innovadora.

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El impacto en los planes de hardware de OpenAI

Hardware de OpenAI

El conflicto legal llega en un momento crítico para OpenAI, que ultima los preparativos para su salida a bolsa y que el año pasado adquirió por 6.500 millones de dólares io Products, la startup de dispositivos de IA fundada por el legendario exdiseñador de Apple Jony Ive. La empresa de Sam Altman planeaba anunciar su propio smartphone centrado en agentes de IA este mismo año y lanzarlo en 2027, pero la demanda ha sembrado dudas internas y ha ralentizado las revisiones legales, los controles de cumplimiento y la propia ingeniería.

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Según analistas del sector, la mera existencia del litigio podría retrasar las ambiciones de hardware de OpenAI incluso si las acusaciones no se prueban. El efecto disuasorio ya se nota: los ingenieros que aún trabajan en Apple piensan dos veces antes de aceptar una oferta de OpenAI, y los fabricantes asiáticos recelan de proyectos envueltos en procesos judiciales. La demanda está cumpliendo el propósito que Apple buscaba: ralentizar al único rival que podría imaginar un mundo sin el iPhone.

La batalla legal también refleja un cambio estructural más amplio en la industria tecnológica. Las empresas de IA ya no quieren limitarse a proveer modelos o software, sino controlar también la experiencia de uso y la relación con el cliente. Ese objetivo choca de forma natural con la posición de Apple, que durante años ha dominado precisamente esa capa de acceso al usuario. Si OpenAI crea un dispositivo propio y exitoso, tendría una vía directa para distribuir sus servicios sin depender de una plataforma ajena.

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La fuga de talento y el papel de Tang Tan

Uno de los puntos más llamativos de la demanda es la cifra de exempleados de Apple que han recalado en OpenAI: más de 400 personas, muchas procedentes de los equipos que diseñan el iPhone, el Apple Watch y los AirPods. La intensidad del éxodo ha forzado a Apple a reconstruir partes completas de esos departamentos y a ofrecer pagos de retención extraordinarios. Incluso altos ejecutivos han intervenido personalmente para convencer a ingenieros sénior de que no abandonaran la compañía.

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La combinación de este conocimiento interno con la participación de figuras como Jony Ive y Tang Tan eleva la apuesta. El objetivo final es un rival directo del iPhone, respaldado por inteligencia artificial y diseño de primer nivel. Sin la demanda, OpenAI disponía de una hoja de ruta clara; con ella, el calendario se tambalea. La próxima audiencia sobre medidas cautelares será el termómetro que mida si OpenAI puede mantener su hoja de ruta o si se verá obligada a reescribirla por completo.

La agresividad legal de Apple contra OpenAI no es un caso aislado. La guerra de patentes con Samsung, que duró años, acabó con indemnizaciones de más de 500 millones de dólares y sentó jurisprudencia. Y el caso con Rivos, resuelto con un acuerdo que obligó a modificar el diseño de chips, demuestra que Apple no se conforma con un cheque. En el ecosistema español, aunque las startups de IA y los grandes grupos tecnológicos libran batallas similares por el fichaje de perfiles escasos, ninguna empresa local podría montar un litigio de esta envergadura ni soportar el coste reputacional.

Lo que está en juego es el futuro de la competencia en el segmento de dispositivos personales. Si OpenAI logra sortear la demanda y materializar su producto, habrá demostrado que se puede desafiar al iPhone sin pagar un peaje exorbitante. Si, por el contrario, el proceso judicial lo retrasa más de un año, Apple habrá ganado un tiempo precioso para consolidar su propia integración de IA en iOS. La tensión entre ambas compañías, que pasaron de ser socios tecnológicos a competidores potenciales, anticipa muchas de las disputas que veremos en la próxima etapa de la inteligencia artificial de consumo.