- La rotación de la Tierra se acelera y se registrarán tres días más cortos en 2025.
- El fenómeno se atribuye a la posición de la Luna y dinámicas internas del planeta.
- La diferencia será de apenas milisegundos, pero afecta la exactitud del tiempo global.
- Los científicos aún investigan el origen de esta aceleración y sus implicaciones técnicas.
El movimiento de rotación de la Tierra, considerado históricamente estable, ha experimentado en los últimos años variaciones inesperadas que han despertado el interés de la comunidad científica internacional. Recientes mediciones precisas han confirmado que en 2025 tendrán lugar algunos de los días más cortos registrados, algo que afecta tanto a la astronomía como a la medición oficial del tiempo.
Aunque en la vida cotidiana estos cambios pueden pasar inadvertidos, el acortamiento de la duración de ciertos días obliga a revisar los sistemas de sincronización global, ya que tecnologías como los GPS, las redes de telecomunicaciones y algunos servicios bancarios dependen de una coincidencia exacta entre relojes y la rotación del planeta.
¿Cuándo serán los días más cortos y a qué se debe?

Según los cálculos de especialistas como el astrofísico Graham Jones, el 9 de julio, el 22 de julio y el 5 de agosto de 2025 superarán todos los récords recientes de brevedad en la duración del día. En esas fechas, el planeta completará una rotación entre 1,3 y 1,51 milisegundos antes de lo habitual, lo que —aunque minúsculo— se considera relevante para la dinámica planetaria. También es importante entender cómo estos cambios en la rotación terrestre se relacionan con la evolución del universo.
El principal responsable identificado hasta ahora es la posición de la Luna respecto al eje terrestre. Durante esos días, el satélite natural de la Tierra estará situado más cerca de los polos que del ecuador, provocando una interacción gravitacional diferente que impulsa levemente la velocidad de rotación del planeta. Los científicos comparan este efecto con el de empujar una silla giratoria desde un punto concreto para que dé vueltas más rápido.
¿Por qué ocurre este fenómeno?

La explicación más aceptada involucra no solo el efecto lunar, sino también procesos internos del planeta. El movimiento del núcleo y el manto terrestres, las corrientes oceánicas y las variaciones atmosféricas influyen de forma sutil pero acumulativa sobre la velocidad de rotación. Incluso el deshielo polar, al desplazar grandes volúmenes de agua y redistribuir la masa terrestre, es capaz de ralentizar o acelerar el giro dependiendo de la combinación de fuerzas en cada periodo.
El investigador Leonid Zotov, de la Universidad Estatal de Moscú, apunta a los movimientos irregulares del núcleo líquido como factor principal en las últimas aceleraciones. Aunque aún no existe consenso ni una explicación definitiva, los modelos actuales no logran reproducir completamente el comportamiento detectado en los relojes atómicos.
La tendencia general —explicada por la física de mareas y la fricción gravitacional lunar— era que la rotación se ralentizara con el paso de los milenios, alargando poco a poco la duración de los días. Sin embargo, datos recientes muestran que la aceleración puede alternarse con esos periodos de ralentización, generando picos de velocidad que sorprenden a los especialistas.
Consecuencias técnicas de los días más cortos

Por pequeña que parezca la diferencia, la aceleración rotacional de la Tierra obliga a realizar ajustes periódicos en los sistemas globales de medición del tiempo. El Servicio Internacional de Rotación Terrestre y Sistemas de Referencia (IERS) es la entidad que vela por mantener sincronizados los relojes atómicos y la posición real del planeta.
Cuando la discrepancia se acumula, existe la necesidad de agregar o restar segundos intercalares para evitar desajustes entre el horario civil y la rotación astronómica. Si la aceleración se mantiene en los próximos años, no se descarta la introducción de un “segundo intercalar negativo”, algo nunca realizado hasta ahora.
La estabilidad del tiempo civil, el funcionamiento de los satélites y la navegación por GPS dependen de esa gestión milimétrica. Un desfase, por pequeño que sea, puede generar errores en sistemas altamente sensibles o afectar la precisión de la localización a gran escala.
Este fenómeno también proporciona claves para entender la evolución histórica del planeta. Se sabe que hace mil millones de años, un día terrestre duraba menos de 20 horas, y que la dinámica entre la Tierra y la Luna ha sido determinante en los cambios de rotación a lo largo de las eras.
Los científicos siguen la pista

La comunidad científica, lejos de interpretar esta aceleración como un simple dato curioso, la considera un laboratorio natural para estudiar las fuerzas internas y externas que afectan a la Tierra. El seguimiento minucioso de estos cambios ayuda a prever ajustes necesarios en la tecnología, pero también arroja luz sobre cómo los procesos geológicos, oceanográficos y climáticos han ido esculpiendo el planeta.
El acortamiento de algunos días en 2025 demuestra la enorme sensibilidad de la Tierra a distintas influencias. Aunque nuestro día a día no se vea alterado, cada variación, por mínima que sea, revela un universo dinámico y complejo que sigue desafiando la comprensión científica.